El miércoles 13, me tocaba disfrazarme para la actividad de filosofía. Elegí ir de Pikachu porque era algo que llamaría la atención y era muy cómodo.
Soy muy vergonzosa, así que al principio tuve un poco de miedo al pensar que tendría que ir disfrazada al instituto, pero decidí hacerlo porque pensé que sería bueno para perder un poco la vergüenza y que no me importase lo que los demás dirían. Y tal y como lo pensé así fue, al principio, pasé mucha vergüenza, pero cuando entré y fui encontrándome con amigos la vergüenza iba desapareciendo.
Al salir de mi casa, mi abuela, que vive al lado, me vio disfraza y ella, mi madre y yo empezamos a reírnos. Me subí en el coche para ir al instituto, por el camino iba muy nerviosa, diciéndole a mi madre la vergüenza que me daba y que no sabía si me estaba arrepintiendo. Aunque iba en coche, la gente que me veía desde fuera o desde otro coche me miraba sorprendida y algunos se reían, esto no me ayudaba en absoluto ya que sólo me hacía sentir más nervios y vergüenza.
Al llegar al instituto mi madre me dejó en la esquina como de costumbre, cuando vi que había tanta gente no sabía que hacer, me moría de vergüenza, pero entonces una amiga de la otra clase que también iba disfraza empezó a gastar bromas y me tranquilicé bastante. Al llegar mis amigos estaban esperando en la puerta como siempre hacen y la mayoría de ellos me venían a abrazar y a decir que iba muy mona, al poco tiempo la vergüenza fue desapareciendo. Cuando iba por el pasillo y la gente me miraba o decía algo, ya no sentía vergüenza, si no que me divertía. Lo único malo fue que pasé mucha calor ya que el traje era de pelo y ese día no hacía demasiado frío. En la mayoría de las clases gastábamos bromas y fue muy divertido.
Pero no sólo fue divertido en el instituto. Al salir, fui hacia el coche para que mi madre me recogiera, en ese camino, la gente de otros institutos...etc me miraban sorprendidos y se reían, pero ya no sentía vergüenza, todo lo contrario, era muy divertido ver la cara de la gente.
Aunque no es la primera vez que salgo a la calle disfraza, ir al instituto de esa manera... ¡Es mucho más vergonzoso! Gracias a esta actividad he perdido mucha vergüenza y pienso que es divertido ver como la gente se sorprende o se ríe cuando vas disfrazada. Si me volvieran a proponer disfrazarme, ¡lo haría sin miedo!
He aprendido que a veces hacer un poco el ridículo, no viene nada mal.